De los andes al mar
Estimado lector, si bien la habilidad de trasmitirte en estas humildes paginas las imágenes y sensaciones vividas en esta travesía no esta al alcance de nuestras torpes plumas, esperamos que te sientas, como nosotros lo fuimos, trasportado De los Andes al mar…
INTEGRANTES Y EMBARCACIONES
Alejandro Mograbi (alejandro@amograbi.com ) SDK NEKO II
David Barraza ( dbarraza@surauto.com.ar ) ASIAK TOURING
Esteban Bragagnolo ( esteban17475@hotmail.com )
Gustavo Ayala ( yapayg@siderar.com ) Weir Franky
Día 0 (15/1/2006) La Previa: Playa Bonita - Isla Huemul - Náutico Bariloche. (7 Km.)
Nos levantamos el domingo luego de una noche fresca y lloviznosa, en los cerros cercanos había nevado en sus cimas, el panorama climático no era el mas apto para comenzar el viaje, pero de haberlo hecho, no hubiésemos arrugado. Había viento y olas, nos tocaba remar al lado de los nadadores que participaban de un triatlón, brindando cierto apoyo náutico a pedido de Marcelo Hostar y con gusto aceptamos.
¡A ponerse la pilcha!, remeras térmicas, de lycra, chalecos y camperas de neoprene, camperas impermeables, un conjunto de distintas prendas que nos fuimos colocando en la medida de lo que cada uno tenía como para no tener problemas, hasta guantes. Remamos muy poco salimos desde playa bonita hasta la I. Huemul, volvimos con los nadadores y de ahí hasta el CNB, sin embargo fue suficiente para convencernos de que el agua del lago es fría y que a pesar de que es verano, en un cambio climático, las variaciones son abruptas, de un día para el otro la temperatura descendió mas de 15ºC. De regreso al Náutico, ya estaba David para unirse al grupo, entre los 4 nos decíamos cosas como “lindo tiempo para empezar a remar.......” y demás boludeces al respecto. Por la tarde charlaríamos sobre la logística de del viaje entre los cuatro y haríamos las compra de alimentos para la travesía
Día 1 (16/1/2006) - Náutico Bariloche - Lago P. Moreno Este (39 Km.)
Sorprendentemente estaba soleado, despejado y caluroso, era un típico día de esos que aparecen en los folletos de las agencias de turismo, empresas que venden algo etc........ era el clásico día para sacar una foto y venderla, o vender algo por ella.
El lago estaba planchadísimo, reflejaba todas las montañas, a media mañana ya la remera de algodón no se aguantaba mas....... Mientras David, Ale y Gustavo fueron a la PNA, Esteban se puso a distribuir los alimentos y el equipo común, tratando de ser equitativo en volumen y peso. Entre los 4, terminamos de preparar todo, nos empilchamos para zarpar, foto previa y cuando el sol estaba casi de punta lo hicimos.
La adrenalina estaba a full, no podíamos creer el paraíso donde estábamos remando, todo lo que veíamos, el paisaje, la transparencia del agua, las montañas nevadas y el hecho de que nos llevamos muy bien, todo eso nos aceleraba......... Metiendo un ritmo entre 8 y 9km/h sin viento apuntamos a la I. Huemul dejándola a nuestra izq. (poco lenguaje náutico habrá en el resto del relato) para seguir a la península San Pedro y que también quede a nuestra izq. Antes de llegar a su punta N, nos detuvimos entre unas piedras accesibles para picotear algo y sacar fotos. Admirados por ver la sombra de los kayak sobre las rocas sumergidas, el calor invitaba a sumergirse y al realizarlo, el agua nos expulsaba como eyectados de un avión al sentir el frío de la misma.
Continuamos la navegación hacia Pto. Pañuelo, al llegar al mismo se observa el famoso hotel Llao Llao, dudamos si seguir para armar carpa en cualquier lugar, o pedir una habitación en el hotel............ Almorzamos en una playota aceptable para hacer una parada, no es gran cosa, pero..... zafa, está poco antes de llegar al pto. A la izq. Seguimos hacia la Península Llao Llao, la bordeamos y en Bahía López hicimos otra pausa sobre unas piedras, volvieron los chapuzones, algún rolido y alguna otra gilada habremos hecho en el agua. Se venían las últimas horas de remo de ese día miramos los brazos Blest y Tristeza, pensando “por ahí pasaríamos mañana y pasado”, ahora a disfrutar de las vistas y seguir...... Pasamos por Bahía López y entramos al L. Moreno Oeste, admirados por las casas lujosas que hay sobre las barrancas del lago continuábamos navegando, pasamos al L. Moreno Este, y se venía el problema, ¿dónde acampar? Los Lagos tenía 2m mas de altura, el espacio del camping estaba reducido, para evitar estar como sardinas y mas tranquilos, pedimos permiso en un lugar privado para acampar, la playa era aceptable y el lugar también, esto está después del camping, el día se iba terminando, ya se ponía fresco para remar en cuero, nos bajamos de los kayaks, abrigarse, y a morfar!!!
Día 2 (17/1/2006) - Lago P. Moreno Este - Playa de las Arañas (50 Km.)
A las 6:30hs comenzaron a sonar las alarmas ¡¡¡¡¿¿¿¿Estamos de vacaciones???!!!! Nos preguntamos todos. Con fiaca pero con muchísimas ganas de seguir viajando nos fuimos levantando y disfrutando del desayuno en un buen lugar con un magnífico día, buen clima y buena vista, fuimos energizándonos. Hicimos parte del mismo recorrido en sentido inverso para volver a Bahía López y de ahí agarramos por el Brazo Tristeza, a poco de tomarlo, una vistosa cascada a la derecha, fue el 1º punto de parada, luego hubo otra y se escuchaban mas, pero decidimos dejar algunas para la vuelta, ya que sino no tendríamos ningún atractivo que nos sirva como excusa para el descanso en nuestro regreso. Seguimos hasta el fondo del brazo y encaramos al río Frey, resulta imposible remarlo en contra dada su poco profundidad, al lado existe un espectacular lugar para acampar, almorzamos y nos preparamos muy poco para hacer trekking por un sendero que lleva hasta el Lago Frey, la senda poco marcada, dado su muy poco acceso, hizo que nos equivoquemos en algunas oportunidades, y/o no saber por donde seguir, tampoco faltaron los fouls que la naturaleza nos cometió con sus ramas. Al llegar al lago luego de apreciar la cascada Frey, muy vistosa, pescadores que hicieron lo mismo que nosotros poco antes, dijeron: ¿en pantalón corto se vinieron? que pequeño detalle....... Sacamos fotos y volvimos hasta los kayaks, picoteamos algo y volvimos a remar, pasamos por una casada muy vistosa que nos quedaba a nuestra derecha y continuamos, una vez en Bahía López, nos veíamos con un problemita, ¿dónde acampar? El día anterior preguntamos en el hotel de un sindicato que se encuentra allí para acampar y nos lo negaron, esa zona cuenta con muy pocos lugares “públicos” por decir que no hay ninguno, las barrancas llegan hasta el agua, o tipo acantilados, llegan hasta el agua, no hay playas, ni lugares con tierra relativamente plana, era un punto relativamente crítico, nos faltaban mas de 20km para llegar a Pto. Blest, ya eran casi las 19hs, o volvíamos a intentar en el hotel, pero eso significaba ir con un rumbo contrario al de nuestra ruta, la otra era ira ver por la otra margen, pero también significa remar algo demás y no saber con certeza, ir a Blest era bastante, llegaríamos de noche o cuando apenas oscurezca y con esa intriga de que si se levantaba viento de noche seria complicado. Pero 10km antes de Blest hay una playa, la de las Arañas, no sabíamos que tal era, no estaba en nuestra lista de lugares posibles para acampar ni en los folletos como lugares permitidos para eso, y se generó el debate entre nosotros, que hacer, ir a un lado u otro, intentar Blest, evaluar la hora, que si se levanta viento, que no conocemos la zona, etc...... 3 a 1 fue el resultado para ir a la Playa de Las Arañas, nos cruzamos con un par de lanchas y la tripulación afirmó la posibilidad de acampar, pero una vez en el Wp que indicaban los GPSs de tal playa, no se podía, hicimos 2000m mas y ahí si!!!! Un lugar fascinante, da para quedarse un día entero, está frente a las I. Dos Hermanas y a la Cascada Blanca. Llegamos con suficiente claridad, la temperatura justa para remar a pelo con buen ritmo para que el cuerpo no se enfríe.
Día 3 (18/1/2006) - Playa de las Arañas - Pto. Blest (15 Km.)
Nos tomamos todo el tiempo para levantarnos, desayunar y desarmar el campamento en tan maravilloso lugar. Zarpamos cerca de las 12hs hacia I. Dos Hermanas, son dos islotes chicos unidos por un árbol caído, de ahí fuimos a ver un arroyo que quedaba en el camino y con algo de viento en contra seguimos hacia Pto. Blest. Al llegar se nota como se mete dentro del azulado Brazo Blest, el verde del Río Frías, al cual lo remontamos unos 2000mts esquivando troncos y remando con fuerza por el chorro fuerte a medida que avanzábamos hasta que el tronquerío tendido en el río dijo basta. Pegamos la vuelta y fuimos hasta el Pto, dejamos los kayaks, y nos fuimos a almorzar. Hablando con la Guardapaques sobre lo que hay para hacer allí vimos varias opciones de trekking, nuestro deseado paso a las nubes estaba cerrado, para otra caminata no nos daba el tiempo, en fin.... nos conformamos con subirnos al catamarán que va hasta el puesto aduanero en el L. Frías. Se avecinaba la lluvia y mangueamos techo a la PNA, la cual nos dio algo mas, colchones!
Día 4 (19/1/2006) - Pto. Blest – Estancia (30 Km.)
Como no podía ser de otra manera en la zona, llovía, bajo el alero del hotel preparamos los kayaks, y partimos abrigados y protegidos de la lluvia hacia la gran Cascada Blanca, enorme, vistosa, ruidosa, linda. El viento nos llevaba, se barrenaban algunas olas. De a poco la lluvia fue cesando y arribamos a la I. Centinela, donde está la tumba del Perito Moreno, allí sin otros visitantes almorzamos con algo de frío, la llovizna obligó la retirada. En los planes estaba ir a Pto. Anchorena, pero el clima y el tiempo restante, inclinaban la balanza para ir hacia una chacra recomendada para acampar, así que hacia allí apuntamos, cuando divisamos la mismo, nos pareció que el acceso desde el agua era complicado y entre dos nos equivocamos y seguimos hacia el N, pensando que esa no era y que sería la próxima a la vista. Al llegar a esa “otra”, nos dimos cuenta de nuestro error, sin embargo nos permitieron acampar, y hasta nos ligamos un exquisito pan casero. Pusimos los trapos a “secarse” pero lo llovizna o lluvia fina intermitente no aflojaba, el clima verdaderamente no era el mejor, el frío se notaba mas con el anochecer, así que la cena fue temprano y a la vez nos metimos temprano en las carpas, previo juntada en una carpa y partido de truco.
Día 5 (20/1/2006) - Estancia - Brazo Machete (36 Km.)
Sorprendentemente el clima cambió por completo, fresco, totalmente soleado, apenas arrugado estaba el lago. Desayunamos y tranquilamente salimos remando, paso el barco “Victoria” con turistas, barrenamos sus olas y seguimos hacia el destino previsto del día, Arrayanes y posteriormente Brazo Machete. Al PN Arrayanes llegamos con algunas olas cruzadas, un poco salpicados o mojados. Supuestamente no se puede acampar, pero guardaparques sin hacernos problemas, al vernos llegar nos estaba ofreciendo un lugar. Continuamos con lo mas importante del momento dada la hora, “el almuerzo”, cosa que hicimos disfrutando del fuerte sol. Abrimos varias latas sobre el muelle para ello, sacamos un salamín y lo poco que quedaba del pan casero, con todo eso quedamos pesaditos.... Luego nos dedicamos a caminar viendo los arrayanes y tomando el sendero que atraviesa la península para unirla con Va. La Angostura, no lo recorrimos completo, teníamos que llegar al Brazo Machete. Después de trotar y caminar un poco, nos encontramos ahí mismo con Acó, amiga del Cuervo quien nos llevó algunos medicamentos y masitas, hubo mates, fotos y nuevamente a remar. Apuntamos la proa hacia el Ao. Colorado, Gustavo hizo algunas zambullidas, desde unas rocas elevadas sobre el agua helada. Seguimos hacia el Brazo y una vez en el fondo remontamos el río. Los primeros metros muy agradables sin complicaciones, hicimos una parada sobre unos troncos, luego cuanto mas se avanzaba, mas se complicaba esquivando troncos y ramas, al igual que el Río Frías, habremos hecho 1500mts hasta que el río nos habló y nos dijo, basta, hasta acá llegaron! Tanto chorro, tanta era la dificultad, Alejandro quedó trabado contra unas ramas rezando para no tumbar en el agua por demás de fría, su dios lo escuchó y le dio toda la fuerza para que pueda zafar de la complicada situación, otros dos quisieron llegar mas lejos, lo lograron, pero la ambición o curiosidad les jugó en contra. Gustavo volcó al volver, la fuerte corriente y un árbol semisumergido le cometieron infracción, y Esteban estuvo ahí. La proa se encajó en una horqueta, elevándose y perdiendo estabilidad, el chorro lo aprisionaba más y tendía a doblar el bote, costó pero pudo salir para atrás y esquivar la horqueta, en un momento llegó a pensar que también pasaría algo de frío. David ayudó a Gustavo a vaciar un poco de agua del kayak, luego fuimos a una playita para que este último se ponga ropa seca y terminar de achicar el bote. Se terminaba la luz y aún no sabíamos donde acampar, los lugares muy buenos que se veían a lo lejos son privados, pero encontramos uno muy apto cerca de la desembocadura del río. Por la noche se veían alguna luces de Va. La Angostura y el resplandor de Bariloche.
Día 6 (21/1/2006) - Brazo Machete - Va. La Angostura
Otro día fascinante nos esperaba para continuar la navegación por el Nahuel. Fuimos en busca del Brazo Rincón, una vez mas la calma del agua y la tranquilidad absoluta permitían observar las montañas nevadas frente a nosotros, incluso también apreciar a una trucha u otro pez que nos pasó debajo nuestro mientras veíamos las piedras del fondo cerca de la margen N del brazo. Al llegar al fondo del brazo remontamos el Río Pireco, hasta la laguna desde donde se aprecia una ruta, playa para hacer un breve descanso y continuar con la remontada del río con la intención de llegar hasta el puente. Continuamos la navegación hacia el puente pero viendo las numerosas curvas y teniendo en cuenta la hora, decimos volver e ir hacia el Río Correntoso como estaba previsto. Al entrar propiamente en el Nahuel, algunas olas chicas nos fueron llevando un poco hacia nuestro destino. La idea original era portear los kayaks unos 500mts hasta el Lago Correntoso para recorrer este, sin embargo después de repasar el itinerario planificado y ver que estábamos dos días atrasados respecto a ello por un par de cuestiones, decidimos no hacerlo, solo almorzamos allí, e hicimos una corta caminata hasta el Lago Correntoso, y al toque retomamos la remada hacia Va. La Angostura. El viento cesó y volvió la calma completa, dejamos a nuestra derecha la I. Fray Menéndez para llegar al comienzo de la Península Quetrihué, allí cruzamos los kayaks caminando hacia el otro lado, estábamos lejos de zonas habilitadas para acampar por lo que fuimos a manguear un techo a la PNA, y mas que un techo nos dieron el quincho, con un montón de comodidades, donde nos acomodamos un poco y nos fuimos al centro para alimentarnos mejor, tomar unas cervezas y aprovisionarnos.
Día 7 (22/1/2006) - Va. La Angostura - Piedras Blancas ( 23km)
Salimos de Va. La Angostura rumbo SE casi sin viento a las 10 de la mañana. A medida que nos íbamos alejando del reparo se hacia notar el viento norte de popa que nos llevaba, barrenando, hacia nuestro destino, llegando por momentos en algunas barrenadas a los 15 km/h.
Llegando a Pta. Verde ya nos reparamos del viento y aprovechamos para hacer las necesidades postergadas, comer algo y descansar un poco. De ahí salimos hacia puerto radal sin mucha idea de que era lo que había allí. Ya veíamos a la distancia lo que adivinábamos sería piedras blancas, nuestro destino fina del día, y se veía “ahí cerca” y además sabíamos que no era lejos.
Una vez llegados a Pto Radal, un puerto que parecía semi abandonado y lleno de troncos y leña seca, almorzamos en la costa y nos dedicamos a recorrer un poco lo que parecían unos corrales abandonados. Sabíamos que faltaba poca distancia para recorrer así que no nos preocupamos por el tiempo.
A la vista de un mangrullo que se destacaba como punto más alto, no pudimos hacer otra cosa que trepar las viejas tablas, que crujieron pero por suerte no cedieron, para poder echar un vistazo y tomar fotos desde ahí arriba.
Las teorías de que era todo ese complejo comenzaron en seguida (el kayakista es un gran conjeturador de lo desconocido).
La teoría de que era algún proyecto diabólico del tipo de Jurassic Park diseñado para crear monstruos y que estos se habían escapado era la que ganaba consenso en las trastornadas mentes de los delirantes kayakistas. Pero al seguir recorriendo aparecieron carteles que fueron poniendo los pies sobre la tierra: “PARQUE NACIONAL NAHUEL HUAPI – PROYECTO RECRIA PUDU”, sentenciaba el cartel. Eso era demasiado mundano y publico para ser el proyecto secreto que se nos ocurría, casi un insulto a nuestra imaginación.
No teniendo la más pálida idea de lo que era un pudu seguimos delirando cosas.
Al poco tiempo vimos algunas casas abandonadas y otras que parecían estar bien mantenidas. En seguida empezaron las votaciones a ver si “eso” estaba abandonado o no. Dos casas que se veían bien mantenidas decían que no estaba abandonado, el resto de las precarias edificaciones de madera, sin pintura y venidas a menos decían lo contrario.
De repente apareció una persona que resulto ser el hijo de un guardaparques. Ahí se terminaron las conjeturas para hacer lugar a la realidad.
Ese parque había sido construido en la década de los 70, para tratar de regenerar la población de pudúes, que es la especie de ciervo más pequeña del mundo. Tienen el tamaño de un perro. Resulta que este animal autóctono fue desapareciendo (tal vez como casi todo lo autóctono), y el proyecto de recría era para criar y liberar más individuos. Parece que tuvieron problemas, monetarios y que tampoco la recría funcionaba bien y esto se descontinuó. Quedando las instalaciones sin mantenimiento y prácticamente sin personal.
Solo un guardaparques pasaba por ahí de vez en cuando para mirar un poco. Pero de Pudúes no quedo ni rastro.
Estamos prontos a zarpar de allí, cuando un gomon de guardaparques nos viene a avisar que no se podía parar ahí. Le decimos que ya estamos saliendo y se van.
Llegando a piedras blancas, el lugar fue todo lo que prometía ser por las fotos que habíamos visto.
Había dos o tres embarcaciones mayores en el muelle y nosotros desembarcamos ahí cerca.
Después de comer algo y hablar con dos guardaparques voluntarios que estaban allí definimos nuestro proyecto de trekking.
Ir a ver una laguna que estaba cerca y luego ir a Puerto Anchorena por el “camino largo” fue lo decidido entre todos.
A la laguna no llegamos porque nos desorientamos un poco con respecto a las orientaciones que nos habían dado, igual recorrimos un mallin y varias sendas de animales.
Finalmente desistimos de ir a la laguna y apuntamos para Pto. Anchorena.
El camino era muy pintoresco, avistamos algunos ciervos y vimos muchos árboles marcados con cintas rojas que después supimos eran marcas de los biólogos que estudiaban la vegetación en la zona. Nadie sabía bien para que. Se las veía en árboles vivos y muertos.
Después de una larga y muy entretenida caminata, llegamos a una bahía que resulto estaba al norte de Pto. Anchorena, así que vuelta para atrás y a tomar el camino de nuevo, llegamos al puerto, con su confitería prácticamente cerrada porque ya había partido la última embarcación hacia los lugares mas poblados y habían quedado nada más el encargado y un guardaparques.
Luego de unas bebidas frescas para reponer líquido fuimos hacia el muelle del puerto, donde volvió a aparecer el hijo del guardaparques que encontramos en Pto. Radal, y seguimos hablando de diversos temas, principalmente Parques nacionales.
Veíamos la aerosilla que llevaba al cerro Bella Vista, pero estaba fuera de funcionamiento. Aparentemente la construyeron en un lugar equivocado, porque los árboles que caían desde los costados impedían el normal funcionamiento.
Volvimos para piedras blancas, ahora por el camino corto, más ancho y casi sin subidas ni bajadas que costea la margen este de la I. Victoria, haciéndose menos entretenido pero mucho mas corto y menos dificultoso.
Al llegar, seguimos hablando con el guardaparques voluntario y enterandonos un poco mas de las cosas del lugar.
Del porque se dejaba cazar al ciervo europeo que casi era plaga en la isla al no tener depredador, de cómo habían aparecido los jabalíes en la isla siendo que antes no había y como había sido la historia del pudu.
Se fueron todas las embarcaciones mayores y solo quedamos un gomon que había llegado hace poco y los 4 kayaks.
Cuando las sombras se apoderaron de todo, aparecieron los ciervos, casi al alcance de la mano, detrás de las penumbras. Era común que bajasen de noche nos dijeron.
Hicimos el fuego de rigor en el lugar permitido, cenamos y armamos las carpas debajo del techo que rodeaba los fogones.
Día 8 (23/1/2006) - Piedras Blancas - Villa Llanquín (38km lago – 26km río Limay)
Partimos de piedras blancas con una gran tristeza. Por un lado por dejar un lugar como ese que invita a quedarse a vivir y por otro lado porque sabíamos que era el ultimo día en que navegaríamos el lago Nahuel Huapi.
Sin embargo, el Limay nos estaba invitando con su apenas ruidoso, casi imperceptible llamado de piedritas moviéndose en el fondo. Y hacia allí íbamos, siguiendo un camino que nos habíamos propuesto y planeado hace mucho, casi como un instinto que nos llevaba hacia allá.
Partimos de piedras blancas, al poco tiempo vimos a Pto Cross que quedaba del lado opuesto de Pto Anchorena, lugar donde habíamos estado caminando el día anterior.
Seguimos remando rumbo hacia el Limay por margen Norte del lago, pasamos por la isla del Roble y nos llamo la atención la gran cantidad de gaviotas cocineras que había en la misma.
Seguimos remando y de golpe vemos a nuestra derecha, hacia atrás el imponente Tronador cargado de nieve.
Vemos a lo lejos la ciudad de Bariloche y los lugares en que remamos el primer día, pero esta vez desde la margen opuesta. Verlos desde este lado daba otra perspectiva, de cualquier forma parecía que había sido hace tanto tiempo que habíamos remado por ahí. Sin embargo había sido nada más que hace una semana.
Seguimos remando, pasamos la I. de los Víveres y un poco mas hacia el este, paramos para almorzar.
Luego pusimos proa hacia la punta Este del lago, atrás quedaban las montañas y la nieve y hacia delante ya se veía otro paisaje. Más árido, más lleno de tonalidades marrones, aunque salpicadas de verde por la magia del agua, que lleva vida a casi todos los lugares que toca. Ya no se veía nieve hacia allá, las montañas habían cedido el paso a sierras mucho menos elevadas, hacia allí íbamos mientras nos despedíamos de la ciudad de Bariloche que teníamos a estribor.
Eran las 5 de la tarde, hicimos una pausa antes de tomar el Limay, nos preparamos porque sabíamos que saldríamos disparados por la velocidad del agua y nos largamos.
Apenas pasado el puente y ya a toda velocidad apareció el primer salto de agua que al barrer la cubierta de los kayaks fue como un baldazo de agua en el pecho, el agua naturalmente seguía fría.
Seguimos remando asombrados por las piedras del fondo que pasaban muy rápidamente por debajo de nosotros, se las veía muy cerca, engañados por la refracción de la luz en el agua todavía totalmente transparente. Lo mismo la costa, a veces dejábamos de remar y de cualquier forma íbamos a una velocidad impresionante, para lo habitual de los 8 km/h en el lago pasamos de golpe a los 20 con picos de 25 Km./h.
Todo era distinto ahora, las piedras del fondo, la velocidad del agua, los remansos constantes en toda la superficie provocados por las irregularidades del fondo, los sauces en las orillas, las sierras que nos rodeaban en este milenario valle que estábamos transitando.
También nos asombraba el notable desnivel en el curso del río, se notaba a simple vista que a la distancia descendía la altura en forma considerable. Parecía que íbamos transitando un tobogán de agua. Obviamente debido a ello se debía la gran velocidad del agua.
La presión atmosférica iba subiendo de forma apenas perceptible para el barómetro del reloj de Alejandro, pero gradual y constante, que indicaba que nos encontrábamos bajando.
Pasamos por el salto de las piedras mellizas y después por un enorme remanso que se forma en una curva a izquierda, que anuncia el anfiteatro.
Esteban zafó de una, pero por pretender ir más rápido, no tomó bien una curva y terminó debajo de unos sauces intentando rolar, por no ir bien trabado el kayak le quedó de gorro, a la costa a vaciar el bote y a continuar remando.
Vimos un gomon que estaba haciendo rafting seguramente con un grupo de turistas.
Finalmente llegamos a villa Llanquín, todavía dudando donde parar, preguntamos al guía del gomon de rafting que opciones teníamos y finalmente decidimos parar sobre la margen sudeste, en una despensa/camping donde nos devoramos unos choripanes y unas merecidas cervezas. De esta forma nos alejamos de la tan transitada margen Oeste donde estaba la ruta.
Día 9 (24/1/2006) - Villa Llanquín – Alicura (27 km rio limay – 34km Embalse )
Partimos un poco antes de las 10 de la mañana, ya sabiendo que era el último día de travesía para David y Alejandro.
Fuimos disfrutando el paisaje que seguía cada vez mejor, con una mezcla de algo árido a lo lejos y muy verde cerca del río. La vegetación mas cercana se componía de sauces, y algunos álamos en las márgenes del río, y un poco mas lejos hacia las sierras se veían muchos pinos, árbol no tan necesitado del agua como los primeros.
El río seguía corriendo fuerte, disfrutábamos todavía de la fuerza del agua que nos llevaba, todavía faltaba un poco más para que se empiece a embalsar, hasta que en un momento se escuchó: ¡No, no otra vez noooo! y vimos a Esteban haciendo exáctamente la misma boludez del día anterior.
Vimos formaciones rocosas de caprichosas formas y sacábamos fotos cuando podíamos.
Notamos que el viento ya se hacia sentir, y llegamos a confluencia con unas lindas ráfagas que se encajonaban en el valle y se hacían sentir, a pesar de que no se levantaba prácticamente oleaje, debido al angosto y poco profundo río.
Llegamos a confluencia, donde debíamos separarnos. Dos kayaks seguirían viaje hacia el mar y dos retornarían a bs.as.
Almorzaos, hicimos un traspaso de provistas hacia los dos kayaks que seguían y descubrimos que acomodando mejor las provistas, todavía entraban mas cosas, los dos kayaks cargaron casi toda la comida que antes estaba distribuida en 4.
Nos abrazamos y seguimos viaje.
Ya a los pocos kilómetros el río se ensancho y dejo de correr. Estábamos en el embalse Alicura, ahora dependíamos solamente de la fuerza de nuestros brazos, el agua solamente nos sostenía, no nos llevaba como pasajeros en su viaje al mar como hasta hace poco.
El río se ensanchó, las costas se hicieron un poco más altas y la vegetación empezó a ser menos verde, menos alta y a desaparecer.
La transición había empezado. Era el primer embalse que enfrentábamos en esta travesía. Con un viento molesto seguimos remando, cada tanto buscábamos reparo en las costas, en pequeñas bahías o entradas del embalse hasta que se empezaron a ver las torres de alta tensión.
Finalmente llegamos a las 19hs a la rampa de bajada de lanchas de Alicurá.
Después de una caminata cuesta arriba, dimos aviso a gendarmería que habíamos llegado.
A la pregunta de si siempre soplaba así allá, nos contestaron “shhh, ahora esta tranquilo el viento, no lo llamés”, mientras nos señalaba la bandera argentina que estaba convertido en unos hilos, por el maltrato del viento. Evidentemente esa era una de las caras de la verdadera patagonia, la de los vientos que soplan constantemente.
Como gendarmería no dispone de vehículo en esa represa (como así también en Pichi Picun Leufu y Arroyito), llamaron a gente de la empresa privada que tiene concesionado este embalse para ver si podían poner una camioneta para transportar los kayaks hacia el otro lado del embalse.
Al poco tiempo la camioneta apareció, subimos y atamos los kayaks de costado sobre la caja antivuelco, e hicimos el porteo hasta el otro lado del embalse. Habiendo de desnivel en el agua entre los dos lados algo como 150 metros, el camino para automóviles era relativamente largo, imposible para hacerlo a mano con los kayaks cargados. Pasamos muy justos es un portón que había sobre el asfalto, los 5 metros y medio de los kayaks se hicieron notar. De lejos parecía que pasábamos fácil, pero cuando estuvimos allí pasamos muy justos, gracias a la buena muñeca del conductor.
Hicimos noche en las instalaciones prefabricadas de gendarmería, donde nos asombramos que todo funcionaba a electricidad, que evidentemente ahí era la forma de energía más accesible. El silbido de viento afuera seguía.
Teníamos el dilema de si intentar hacer todo el próximo embalse en un solo día o hacerlo en dos.
La distancia a recorrer eran 90 km. de agua que no corría. Íbamos a necesitar un día largo de remo levantándonos muy temprano, y si había viento, ni siquiera así seria posible.
Decidimos hacerlo en dos días, el primero todo lo posible y el segundo lo que quede.
Por ese motivo no pusimos los despertadores demasiado temprano, a la 7 estaba bien.
Día 10 (25/1/2006) - Alicura - Emb. Piedra del Águila ( 70 Km. Embalse )
Después del desayuno, hicimos toda la caminata de mas o menos 3km desde el puesto de gendarmería hasta donde habían quedado los kayaks, que no fue tan largo porque fue cuesta abajo y además el calor todavía no se hacia sentir, a esa hora había una temperatura agradable, además la vista desde arriba de la parte posterior del embalse era interesante.
Partimos un poco después de las 8, por suerte no había nada de viento.
Empezamos a remar por el embalse de piedra del águila, que si bien es algo monótono porque se avanza lento, al tener las márgenes no tan lejos, el paisaje al principio hacia llevadera la remada.
De pronto vimos el clásico “cono” lleno de nieve del Lanin, no entendíamos muy bien como, pero lo estábamos viendo desde el embalse de piedra del águila. Ese cono era inconfundible, a pesar de que nos negásemos a creerlo.
Un poco antes del mediodía paramos a picar algo, y todavía veíamos a lo lejos las montañas y la nieve. Evidentemente no estábamos tan lejos como creíamos, los embalses nos hacían viajar a ritmo lento.
Ya empezamos a notar pequeñas algas verdes en el agua, no solo en superficie, sino suspendidas uniformemente en la profundidad. Ya a partir de este momento comenzamos a ponerle unas gotas de lavandina al agua que cargábamos, por las dudas.
Después de un par de horas paramos a almorzar en un lugar bastante feo sin casi sombra, pero no se veían muchas opciones ahí cerca y en general en todo el embalse, así que el hambre gano.
Vimos un grupo de guanacos en las laderas de una sierra, que al vernos lentamente fueron huyendo hacia la ladera posterior.
Seguimos remando ya sabiendo que a ese ritmo no llegaríamos antes de las 10 de la noche al paredón. Pagamos el precio de habernos levantado tarde. Empezaron las lamentaciones de si no hubiésemos levantado antes hubiésemos llegado en el día, etc., etc.
Con algo de preocupación por no encontrar un lugar medianamente aceptable para armar la carpa y ya preparándonos mentalmente para parar en otro feo lugar seguimos remando, hasta que a lo lejos vimos un lugar que parecía suficientemente alto y con arena. Allí nos dirigimos. El lugar salvo por la falta de reparo del viento y sol era excelente, con blanda arena por todos lados. El sol no era problema a esa hora, eran pasadas las 20 hs.
No teníamos casi reparo de ningún lado, así que armamos la carpa en un lugar alto, aunque algo rodeado de dunas y arbustos que podían dar algo de protección si se levantaba viento.
Al anochecer el embalse era un espejo, no había una gota de viento. Las sombras de las montañas y las estrellas se reflejaban simétricamente perfectas sobre el agua, como un mundo sumergido.
Día 11 (26/1/2006) - Emb. Piedra del Águila - Pichi Picun Leufu ( 18 km piedra aguila + 22 km pichi picun leufu + 5 km rio limay )
Partimos a las 8 de la mañana, ya con una brisa que se había levantado durante la mañana.
A las 11 de la mañana y con el paredón del embalse y las torres de alta tensión a la vista, paramos a comer algo y estirar un poco las piernas.
Vimos un cerro con unos caballos arriba, y decidimos subir a echar un vistazo y sacar unas fotos desde allí arriba.
Fuimos subiendo por el árido suelo, hasta llegar arriba del cerro. Desde su cima los kayaks se veían chiquitos, casi insignificantes comparados con la masa de agua, pero ya se apreciaba mucho mejor la forma del embalse y todo el terreno desértico que nos rodeaba.
Después de un baño en el agua porque el calor se hacia sentir partimos rumbo a la bajada de lanchas del embalse.
Poco antes de las 13hs llegamos a la bajada del embalse, unos 500mts antes del paredón.
La bajada se notaba de lejos porque para hacerla con menos desnivel había un gran terraplén que se veía desde lejos.
Cuando llegamos nos dimos cuenta que no existía la bajada de lanchas propiamente dicha, sino piedras por todos lados y un gran desnivel hasta el camino. Hicimos algunos malabares para subir los kayaks tratando de golpearlos lo menor posible, que quedaron bastante separados uno del otro porque cada uno vio su mejor lugar para bajar en lugares separados.
Juntamos algunas cosas para comer y empezamos a subir por el camino que nos llevaría hacia el puesto de gendarmería.
Nos detuvimos unos minutos observando a un grupo de jotes cabeza colorada que sobrevolaban el lugar, su perfecto planear nos mantuvo hipnotizados por unos largos minutos, la perfección con la cual se mantenían suspendidos en el aire sin siquiera mover las alas, nunca fue, y sospechamos que nunca será, lograda por alguna maquinaria humana. Volar parecía tan simple viendo a estas aves, que lo realizaban de una forma milenariamente instintiva. Intentamos muchas veces fotografiar su perfecto planear, en búsqueda de capturar su secreto.
Seguimos caminando bajo el sol abrasador del mediodía y un camino totalmente árido y desolado, hacia un grupo de árboles que adivinábamos seria el puesto de gendarmería. Asombrados por la gran cantidad de mojones blancos con números que se veían por todos lados, que luego supimos eran referencias que se habían tomado antes de la construcción del embalse.
Luego de recorrer un grupo de construcciones que tenían un mirador desde el cual se veía toda la represa y no encontrar a nadie, ubicamos el puesto de gendarmería. Resulto ser que esas tan bien mantenidas instalaciones, con arboleda, césped bien cortado y salón de juegos con mesa de billar, eran la casa del gerente de la empresa privada que tiene la concesión de la represa y la usaba cada vez que venia de visitar al lugar.
Mientras dimos aviso (nombre y numero de documento como suele suceder previo cualquier tramite con este tipo de instituciones) y se preparaba la camioneta para llevarnos aprovechamos el tiempo para almorzar a la sombra de la garita de gendarmería sobras de la cena del día anterior, rechazando la invitación que nos hicieron para hacerlo adentro. Con algo de sombra nos bastaba.
Luego de una conversación telefónica con el jefe del lugar, se nos dijo que nos pasarían solamente del otro lado del embalse y que avisarían a pichi Picun Leufu que un par de horas llegaríamos. Nos dijeron que quedaba a solo 9 Km. del otro lado. Nosotros sabíamos que era mucho más, por lo menos 20 Km., así que le calculamos las horas de acuerdo a esa distancia.
Nuestro almuerzo se vio interrumpido por la camioneta que llego mas rápido de lo que esperábamos.
En este caso era una camioneta con cúpula, bajamos hasta la bajada donde nos esperaban obedientes nuestros kayaks y cargamos las dos embarcaciones arriba de la cúpula, atándolos en proa y popa nada más con la duda de cómo llegarían.
El viaje hasta el otro lado fue lento, porque el conductor tomaba precauciones por el cuidado de las embarcaciones, y además multiplicado por el calor que se sentía a pleno.
Una vez del otro lado, nos dejaron al lado de un puente que pasaba por arriba del Limay, ahora siendo otra vez el río rápido que habíamos conocido mas arriba.
Empezamos a remar de nuevo un poco después de las 15 hs, con un calor que nos obligo a tirarnos al agua para refrescarnos.
El paisaje era muy hermoso, verde y con pequeñas sierras marrones alrededor. Comenzamos a ver copas de árboles semisumergidas, que indicaban que ya estábamos en zona de agua crecida por el embalse. La velocidad pronto disminuyo, estando de nuevo en agua embalsada.
Las aves pronto aparecieron, siendo las más vistas los cisnes de cuello negro, las gallaretas y los patos.
Pasamos por debajo de unos cables y unas enormes torres de alta tensión y después de una hora ya estábamos casi en el paredón del embalse Pichi Picun Leufu.
Eran poco más de las 18hs cuando llegamos a la bajada del embalse.
Mientras estábamos picoteando algo, incluido el almuerzo no terminado del mediodía, apareció un carrito eléctrico pequeño, que parece un carrito de golf con cúpula, con un gendarme.
Después de hablar con el nos enteramos que gendarmería no tenia vehículo en el lugar (cosa que ya sabíamos) pero que la empresa que tenia la concesión del embalse (PETROBRAS), mejor dicho, el jefe de turno, no había accedido a poner una camioneta a nuestra disposición para el porteo de los kayaks del otro lado.
Decidimos ir a hablar o como quien dice a “llorar la carta” a ver que se podía hacer. El carrito eléctrico solo podía llevar a dos personas, una era le gendarme, así que decidimos ir trotando al lado del carrito hasta el otro lado, atravesando todo el paredón del embalse. Lo que habrán sido unos 2 kilómetros pero parecieron muchos mas.
Cuando llegamos a la garita de gendarmería, con aire acondicionado y después de tomar agua fresca de un dispenser, hablamos telefónicamente con un encargado del embalse. Que nos volvió a decir lo mismo, que el jefe no estaba para decidir el uso de una camioneta y que tendríamos que pasarlos a mano nosotros mismos a pesar que le dijimos del peso de los kayaks.
Por suerte al poco tiempo aparecieron dos guardafaunas en una camioneta, que accedieron al pedido del personal de gendarmería de ayudarnos a trasladar los kayaks de un lado al otro, así que fuimos, repetimos la atada de costado sobre la caja antivuelco de la camioneta y esta vez nos dejaron del otro lado del embalse relativamente rápido, abajo del puente que pasaba por arriba del río.
El guardafauna nos recomendó un buen lugar para acampar que según el estaba un 1 km. Aguas abajo, pero que cualquier lugar era bueno que solo tuviésemos cuidad con las crecidas, ya que de noche se ponen en funcionamiento mas turbinas para suplir la demanda de energía eléctrica, y que el agua subía hasta medio metro. Cosa que desde Alicura mas o menos ya sabíamos, aunque acá se hacia mas notoria por el tipo de costa y porque no estaba embalsado en seguida aguas abajo de la represa. Por unos kilómetros hasta el embalse Ramos Mexía, el ser humano le había dado tregua al Limay, embalsado en casi cualquier lugar donde las bardas lo hicieran posible.
Empezamos a remar con un río que otra vez corría a una gran velocidad, sabíamos que hasta el embalse Ramos Mexía tendríamos otra vez la corriente a nuestro favor.
El lugar resulto estar a más o menos 5 km., un lugar donde ya acampaba algo de gente. Llegamos un poco antes de las 20 hs, y rápidamente en una gran arboleda con gran reparo y acompañados por algunas camionetas y autos que estaban acampando comimos y armamos carpa, con cuidado, casi paranoia, de armarla en un lugar lo mas alto posible, teniendo miedo de la posible crecida. Si casi parecía que estábamos en el delta del río de la plata, esperando la subida en cualquier momento (en este caso no por sudestada, sino por necesidades energéticas). Buscamos marcas en los troncos de los árboles, de humedad en el piso, y cualquier referencia que nos pudiera indicar hasta donde subiría el agua.
Ver a los demás comer unos tentadores asados, nos hizo lamentarnos de nuestra cena (fideos o arroz seguramente)
La paranoia no duro mucho, una vez instalados, nos dormimos con el ruido del agua sobre las piedras y el susurro de viento en las copas de los árboles.
Día 12 (27/1/2006) - Pichi Picun Leufu - Embalse Ramos Mexia ( 75km. rio Limay )
Nos levantamos algo tarde, y notamos que el río había bajado notablemente, parte de la costa se encontraba toda mojada, y el césped que se encontraba en la zona de “intermarea energética” todo lleno de pequeños charcos.
Arrancamos cerca de las 10, otra vez animados por la velocidad del agua y el día de sol radiante.
Sabiendo que todo el día tendríamos esas condiciones (por lo menos de velocidad de agua) hasta el día siguiente que teníamos que enfrentar el embalse mas grande del Limay, el Ramos Mexía.
Seguimos remando, asombrados por los contrastes entre la vegetación verde próxima al río y las áridas bardas que se veían, de un lado cerca, del otro mucho más lejos. Fantaseando e imaginando acerca de cómo habría sido todo esto millones de años atrás y como el río fue labrando todo este valle, seguíamos nuestro curso.
La vegetación se componía de sauces, álamos y tamariscos, la costa generalmente de pequeñas piedras y de vez en cuando algo de arena.
Cada tanto se veían árboles arrancados de raíz, y tumbados en el medio del río. La fuerza del agua y el suelo no muy firme, fueron suficientes para tumbarlos, pero estoicos, quedaron ahí, resistiendo, esperando alguna crecida que finalmente los arranque del sitio de su derrota.
Algunas costas erosionadas y sierras coloreadas de rojo, contrastaban con el verde y el azul, formando un paisaje muy pintoresco. Las fotos se sucedían una después de la otra, pero era un instrumento muy mezquino para capturar la esencia de aquel milagro de colores.
Las aves que predominaban eran los patos ahora, que al verse amenazados salían volando de inmediato y se volvían a posar sobre el agua mucho mas lejos de nuestras inofensivas embarcaciones.
Cerca del mediodía nos paramos en una pequeña playita de arena, sin sombra, pero era para descansar y comer algo rápido.
Allí se veían varios brazos, muchos de poca profundidad y llenos de piedritas. Ver el sol reflejarse sobre las pequeñas ondulaciones causadas por las piedras del fondo y la poca profundidad, evocaba la frase de don Atahualpa “el sol juega en el brillo del pedregal”, y esa seria la descripción perfecta para el brillo del sol sobre el Limay en muchas partes.
El río estaba compuesto por muchos brazos, tratando siempre se ahorrar camino intentábamos tomar el que nos parecía mas corto, o que corriese mas fuerte. Dependiendo quien tuviese más suerte o intuición en la elección es que un kayak se adelantaba al otro, aquí valía mucho más la maña que la fuerza.
Paramos para almorzar en un lugar cualquiera, parecido a muchos otros que ya habíamos pasado y que pasaríamos después, bajo la sombra de unos sauces. Eran pasadas las 14 horas y simplemente ya teníamos hambre.
Sabíamos que teníamos que remar y acercarnos lo más posible al embalse Ramos Mexía, para que nos quedase menos para el día siguiente, pero claro esta sin pasarnos de los lugares con costa alta, ya que suponíamos que una vez empezado el efecto del embalse sobre el agua, las costas no serian muy aptas para acampar.
Seguimos remando cuando de golpe notamos que las copas de los árboles estaban más sumergidas que lo normal, ¡estábamos en zona de crecida por efecto del embalse! Rápidamente buscamos una costa alta, vimos una a lo lejos, debajo de un gran sauce, y hacia allí nos dirigimos. Al principio no parecía un gran lugar, pero después de bajarnos ya no había forma que nos volviésemos a subir a nuestros kayaks. Además ya nos encontrábamos en lo que seria un pequeño delta de la desembocadura del Limay en el embalse, y no se veía ninguna costa alta hacia adelante, solo árboles cada vez mas sumergidos. Poco a poco le fuimos tomando aprecio al lugar, hasta que después de una pequeña limpieza de ramas, se convirtió en un lugar excelente. Era alto, había arena y algo de reparo. No hacia falta más.
Lo bautizamos paraje ternero muerto, porque se veían las maderas podridas y el resto de un corral semidestruido y había un ternero muerto hace mucho en el piso. En realidad solo quedaban el cuero y los huesos, no tenía olor, así que no nos molestaba. Nos preparamos para la aparición de “luz mala” a la noche, pero falto a la cita.
Nos fuimos a dormir mas o menos temprano porque al dia siguiente tendíamos que madrugar para encarar el embalse de mayor superficie de la travesía. Desde una duna de arena mas o menos alta ya se ve hacia el NE el enorme embalse.
Día 13 (28/1/2006) - Embalse Ramos Mexia - Villa El Chocon ( 60 km. de embalse )
El maldito despertador suena antes de las seis de la mañana. Evidentemente esto no son vacaciones, protestamos haciendo las cosas rutinarias de la mañana casi en forma automática.
A las 7:30 ya estamos en el agua, notando claramente que todos los árboles se encuentran bastante sumergidos, y algunos sobreviviendo apenas con la parte superior de la copa fuera del agua.
Lentamente vamos saliendo de este delta semisumergido y nos vamos adentrando en el embalse para terminar de darnos cuenta que el embalse era mayor que nuestra foto satelital, obviamente el nivel del agua era mayor a la época en que se había tomado esa imagen satelital.
Sin casi nada de viento primero, ponemos proa a la primer punta lejana hacia el NE. A medida que pasa el tiempo se levanta algo de viento del Oeste. Vemos la primer punta lejana y sabemos que la vamos a ver por un tiempo, porque esta a 11 km., así que lo tomamos con paciencia.
Ya desde la punta vemos una isla ahí cerca y aparece muy por atrás, la otra punta a alcanzar, que esta a 27km.
Sabemos que va a quedar grabada en nuestra retina de tanto verla. A medida que seguimos remando, el viento comienza a amainar, hasta que es apenas una brisa. El calor se empieza a sentir y hay que tirarse al agua de vez en cuando para refrescarse o mojar la remera.
A medida que nos vamos acercando a la costa, que es un acantilado que cae a pique, y ya tenemos la eterna punta al alcance de la mano, vemos que el agua toma tonalidades verdes. Otra vez las algas que se hacen notar.
Con mucha hambre almorzamos en una costa baja, a la vuelta de la punta, bajo los rayos del sol. Sin dudas el peor lugar de almuerzo de toda la travesía. Pero el hambre y las costas no nos dieron muchas opciones.
Se veía la ruta a lo lejos, hacia el NE y apenas se distinguían los autos y camiones que iban transitando aquellos desérticos parajes.
Hacia el SE se veían a lo lejos unas bardas, teñidas notablemente de rojo, aunque estaban tan lejos que los colores tendían al celeste.
De ahí vendría parte del nombre del embalse “Cerros Colorados” pensamos en un derroche de deducción.
Faltaban poco menos de 20km, sin mucho descansar partimos, ya que el lugar no invitaba a más nada.
Pasamos por el medio del grupo de tres islitas ya acercándonos al embalse cada vez mas, pensado en que no siempre fueron islas, antes que el embalse existiese y el agua tuviese el nivel que tenia, serian tres pequeños cerros.
De hecho pensamos mucho en como habría sido todo el Limay antes de todos estos embalses.
Una vez cerca de Va. El Chocón, nos acercamos a una lancha para preguntar por gendarmería y nos dirigimos hacia el muelle que nos indicaron.
Allí hablamos con el jefe de turno, que muy amablemente no gestiono el tema del transporte hasta el otro lado, que decidimos seria para el siguiente día. Y la hora a la cual nos iría a buscar este mismo trasporte para pasarnos el embalse de arroyito, ya que tampoco tenían vehículo en ese y seria este mismo camioncito IVECO que nos pasaría a buscar por arroyito a la hora convenida.
Fuimos a recorrer la villa, el museo paleontológico, donde pudimos ver una exposición de los restos fósiles, varias reconstrucciones de los esqueletos y una pequeña maqueta con todos los embalses del país. También tenían unas láminas explicando los tipos de presas (por gravedad y de materiales sueltos) y como supuestamente se controlaba y aseguraba su seguridad. Como se había inyectado hormigón en el Chocón cuando surgieron dudas acerca de la resistencia de su estructura.
Comimos en el pueblito, nos reaprovisionamos en el supermercado y volvimos a armar carpa en el muelle de gendarmería.
Día 14 (29/1/2006) - Villa El Chocón - Emb. Arroyito - Limay 50 Km. aguas arriba de Neuquén. (22 Km. Embalse Arroyito – 10 Km. río Limay)
A la 8 recién podría venir el camioncito IVECO a buscarnos, así que dormimos bien. Nuevamente el día estaba soleado y caluroso, pero soplaba algo de viento.
Los kayaks con mucha mayor longitud que la caja del camión sobresalían de la misma demasiado y apoyaban apenas un poco menos que la mitad. No había forma de llevarlos en el techo porque era de lona.
Improvisamos unos tensores desde el extremo que sobresalía de los kayaks hacia fuera al techo del camión para que no sufran los cascos con el traqueteo del viaje, ya que apoyaban apenas hasta el cockpit.
A medida que salíamos del reparo notamos que el viento soplaba cada vez mas fuerte, ya no nos importaba, habíamos pasado la parte mas comprometida con respecto al tema viento.
Un poco antes de las 10 arrancamos del otro lado del embalse, por muy poco tiempo el agua corrió un poco, pero enseguida se detuvo, estábamos en el ultimo y mas pequeño embalse, Arroyito.
11:30 hicimos una pausa al reparo del viento y luego seguimos. Empezaron a aparecer grupos grandes de cisnes de cuello negro, que tratamos de fotografiar lo más cerca posible. Pero siempre huían a una distancia prudente, o por lo menos lo que les parecía a ellos una distancia prudente.
Apenas pasado le mediodía, ya vimos a lo lejos el larga paredón del embalse, las torres de alta tensión, y a medida que nos acercábamos se veía cada vez mas nítido una construcción con gran cantidad de tuberías como si fuese una industria petroquímica.
No teníamos idea que era eso y no cuadraba mucho con lo que es una central de energía eléctrica.
Después sabríamos que era la planta de agua pesada de arroyito. Situada en ese lugar porque necesita tres componentes claves para su funcionamiento, mucha agua, gas y energía eléctrica. Cosas de las que disponía de sobra en ese lugar estratégico. Necesita aproximadamente 10 mil litros de agua para lograr un litro de agua pesada.
Pasadas las 13:30 llegamos a una vieja bajada de lanchas de cemento semidestruida al grito de “este fue el ultimo embalse” y dedicándole algunos insultos a los embalses, no tanto por una conciencia ecológica sino porque el agua no corre, los paisajes en general después de un tiempo se vuelven monótonos y por sobre todo porque estábamos hartos de toda la maniobra de caminata hasta gendarmería para dar aviso-atada de kayaks-trasporte y vuelta a desatar del otro lado, todo esto casi siempre bajo los rayos del sol. Después de haberlo hecho 4 veces ya nos había agotado, pero esta seria la ultima.
Nos dirigimos hasta gendarmería y vamos a parar no a la parte que custodia el embalse, sino a los edificios que custodian la planta de agua pesada.
Nos avisan que a las 15hs llegaría el camión, así que aprovechamos para comer algo en las instalaciones de gendarmería mientras hablamos con un gendarme y nos enteramos de varias cosas.
La más notable de todas era que un kayakista chileno había pasado dos veces por ahí. Y que las dos veces la travesía era desde Bariloche hasta Bs. As.
La primera vez con un kayak precario y aparentemente abandono por diversos problemas cerca de Bahía Blanca.
La segunda con un kayak un poco más preparado, con vela y esta vez la mar y algún temporal le dijeron no un poco más arriba.
Nos pareció un reto formidable. Nos sentimos insignificantes.
Llegado el camión hicimos por última vez la atada, porteo y bajada y cerca de las 16 hs. estábamos ya bajando el río Limay a toda velocidad de nuevo.
Después de menos de una hora de remo, paramos en un lindo lugar sobre nuestra derecha supuestamente para comer algo y descansar un poco a la sombra. El descansar se convirtió casi en un dormitar y después casi siesta. La idea de armar campamento ahí poco a poco fue germinando y consolidándose, sobre todo porque sabíamos que faltaba poco para la ciudad de Neuquén y que no seguiríamos más de ahí el día siguiente. Un par de teros bullangueros picoteaban cosas cerca del río, concentrados en buscar comida y ajenos a todos estos menesteres.
Pasaron dos gomones en flotada pescando y nosotros seguíamos inertes a la sombra de los árboles. Mirando un poco y dormitando otro poco.
Después un trekking a la cima de un cerrito cercano, desde ahí arriba todavía se veía la planta de agua pesada y una puesta de sol que el principito envidiaría.
Después de armada así nomás de carpa, fogata y cena, nos fuimos a dormir, sin nada de viento.
Pasada la medianoche se levanto un viento fuerte que nos obligo a salir y reubicar la carpa un poco más al reparo y poner el sobretecho, estacas y vientos como corresponde.
Nos dormimos con el ruido del viento en los álamos, que lo suelen magnificar y hacen parecer que esta soplando más fuerte de lo que realmente es, o por lo menos así es para el oído acostumbrado al viento en otro tipo de árboles.
Día 15 (30/1/2006) - Limay 50 Km. aguas arriba de Neuquén – Neuquén (50 Km. río Limay)
Nos levantamos tarde, un poco antes de la 9. Este día seria corto, nos faltaba poco para Neuquén.
Sin mucho apuro hicimos las tares rutinarias de la mañana, bajo el viento que todavía soplaba y se hacia notar, pero mantenía una sensación térmica agradable teniendo en cuenta el fuerte sol.
Una vez que partimos, avanzábamos por el Limay bastante rápido, aunque con el viento que a veces dependiendo la curva nos daba de frente, aunque nunca levantaba casi el más mínimo oleaje.
Todo este día tuvimos la barda claramente hacia la derecha y la izquierda era todo un valle verde, lleno de chacras y después la ruta, y allá mas a lo lejos la barda opuesta del lado izquierdo.
Ya cerca de Plottier, se empezaban a ver las piedras que ponían los chacareros para proteger las costas de la furia del río, esto en las curvas más grandes y del lado abierto de la curva donde el agua corre más rápido.
En lugar de proteger toda la costa como si fuese una larga escollera, resultaba más económico poner pequeñas escolleras de algunos metros perpendiculares a la costa cada una cierta distancia. Esto la protege de la fuerza del agua y provocaba unos remansos entre las defensas que no afectaban a la costa, usándose menos piedras.
Seguían predominando los sauces en la costa y los álamos un poco más lejos, el río se reflejaba casi verde, y esta vez no por las algas sino por toda la vegetación de las costas.
Cerca de las 13 llegamos al balneario de la ciudad de Neuquén, donde comimos y nos dirigimos hacia el brazo del río donde están los clubes para buscar un lugar donde parar. Luego de la negativa del club CEPRON y de hablar con varios guardavidas, tuvimos la suerte de conocer a Fernando Milla (instructor de Canotaje) y Cecilia Komacek del club italiano, que gestionaron el permiso antes las autoridades para parar en esta institución.
Una vez puestos los kayaks al seguro, fuimos a la ciudad a reaprovisionarnos porque calculamos que hasta Viedma teníamos que llegar con las provistas.
Dormimos en el gimnasio del club (ya que no se permitía armar carpa dentro del club) donde los problemas fueron alternativamente o el calor si cerrábamos o los mosquitos si abríamos.
Día 16 (31/1/2006) - Neuquén - Villa Regina (98 Km.)
Pasadas las 9 partimos del club Italiano, donde tan bien nos habían atendido. Estaba prácticamente desierto, al igual que en el resto de los clubes circundantes no se veía casi a nadie.
Pasamos por el club El Biguá, por la casa del gobernador de la provincia del Neuquén y luego por el balneario municipal, todo esto mientras íbamos describiendo una curva hacia nuestra derecha. Luego de pasar por debajo de un puente ya estábamos navegando por el brazo principal del Limay, otra vez con muy buena velocidad y viendo nuevamente remansos dibujados sobre toda la superficie.
Sabíamos que faltaba poco para la confluencia con el río Neuquén y que en cualquier momento estaríamos navegando el río Negro. De pronto, casi sin darnos cuenta y sin grandes anuncios, un brazo (que en realidad era el río Neuquén) se unía desde la izquierda, y ya estábamos en el río Negro. Al agua poco le importaba este cambio repentino de nombre, seguía siendo la misma. Ajena a todo esto, simplemente se desplazaba rápidamente hacia la libertad que le prometía el mar.
Apenas 1km aguas abajo nos encontramos con la isla Jordán, y una gran cantidad de cisnes de cuello negro, de gallaretas y patos. Estas aves las seguiríamos viendo por casi todo el río Negro.
Pasamos por debajo de la maroma de la balsa que cruza el río a la altura de la isla Jordán, viendo que el margen para una embarcación mayor no era mucho. Levantando un poco la pala en alto la pudimos tocar.
En paisaje seguía bastante similar, con una barda árida a nuestra derecha y un oasis verde a nuestra izquierda.
De pronto pasamos por una estructura símil a un puente, pero construida con el fin de sostener un tubo de gas que pasaba por encima del río. No sería el último que veríamos.
Pasado ya el mediodía ya se empezaban a ver a lo lejos las clásicas bardas de la ciudad de Roca, que contrastan con las otras cercanas porque carecen de las tonalidades rojizas y son casi grises.
Apenas pasado el puente carretero, paramos sobre la margen izquierda para almorzar, era la una de la tarde.
Un poco antes de las 15 horas nos sacudimos la modorra de la breve siesta a la sombra y zarpamos.
Se comenzaron a ver grandes bandadas de jotes de cabeza negra, otra ave que seguiríamos viendo bastante seguido.
Seguimos remando, tirándonos al agua cada tanto, hasta que cerca de las 19 horas ubicamos un lugar sobre la margen derecha y decidimos parar ahí, bien cerca de la barda y lejos de las chacras. Teníamos buen reparo, así que armamos la carpa más rápido que firme. El viento seguía soplando, pero en ese lugar no nos molestaba para nada.
Día 17 (1/2/2006) - Villa Regina – Chimpay (105 Km.)
Partimos pasadas las 8 de la mañana. Después de remar un poco vimos sobre la margen izquierda el balneario de la ciudad de Villa Regina, obviamente desierto dada la hora. Lo que no estaba desierto era el río, las aves nadaban por todos lados, escapando a la manera de cada una cuando sentían el peligro de los kayaks. Los patos con un rápido despegue y vuelo, los cisnes con una pequeña carrera y después de algún carreteo ayudados por sus patas ya lograban poner su pesado cuerpo en vuelo, con un ruido de aire muy característico, estirando a la vez el cuello hasta que quedaba perfectamente horizontal. Las garzas con un vuelo casi inmediato con mucha suavidad y gracia, notando curiosamente que solo las garzas moras hacían una especie de ruido, un áspero krok crok, mientras que a las garzas blancas no se les escucho ningún canto. Las gallaretas se alejaban con un correr sobre el agua dándose impulso y sustentación con sus patas palmeadas y muy raramente despegaban en un vuelo muy bajo. El verlas de lejos caminar y correr sobre el agua dejando detrás de ellas un salpicar de agua les hizo ganar el nombre muy científico de “gallareta fuera de borda”.
Los jotes de cabeza negra casi siempre se los veía lejanos, planeando alto y escrutando el suelo en busca muy probablemente de comida.
Pasadas las 10 de la mañana pasamos por debajo de otro puente carretero.
Cerca de las 19, en un brazo pequeño que salía hacia la derecha encontramos un muy lindo lugar, con el césped bien corto gracias al ganado y bastantes tamariscos que ofrecían muy buen reparo a la carpa.
El lugar estaba como el día anterior pegado a la barda sur, y alejado de las chacras.
Día 18 (2/2/2006) - Chimpay – Pomona (98 Km.)
Partimos nuevamente, retomando la navegación de este pequeño brazo, hasta más adelante volvernos a unir con el brazo principal. Y el resto de la navegación por el río negro seria buscando el brazo donde más corre, pero dadas las amplias curvas que caprichosamente va dibujando el río, también buscando arroyitos que acorten el camino y también para variar el paisaje.
Cerca del mediodía vimos sobre una islita de piedras el grupo más grande de jotes de cabeza negra que hayamos visto en todo el viaje. Todos posados tranquilamente sobre las piedras o sobre algún árbol tumbado.
Mas adelante aparecieron un grupo de flamencos, aunque muy pocos en comparación al resto de las aves que habíamos visto.
Un poco antes de llegar al puente de Choele Choel, paramos bajo una sombra sobre la margen izquierda a almorzar.
Al poco rato, una yegua y su potranca vinieron a investigar, seguramente buscando algún pariente que nos habíamos comido en forma de mortadela días atrás.
Zarpamos pasadas las 15 con una modorra mayor de lo normal, y después de remar muy poco, pasamos por debajo del puente. Ya veíamos muchas formaciones nubosas y todo indicaba que nos tocaría algo de lluvia.
Poca mas de una hora después el viento comenzó a soplar fuerte, aunque no levantaba casi nada de oleaje, remar en contra cuando la curva nos ponía proa al viento se volvió pesado.
Se veía lluvia a lo lejos, pero el desplazamiento de las nubes era confuso y no sabíamos si nos tocaría o no.
Encontramos un lugar sobre la margen izquierda y rápidamente armamos carpa al reparo, ya que habían caído unas gotas y tal vez hubiese tormenta.
Luego sin embargo se fue alejando de a poco y la lluvia se fue para otro lado, dejando otra vez un atardecer y una puesta de sol con nubosidad y una gama de colores poco común, que bien valió en el momento dispararle incontables fotos, sin poder captar la esencia del aquel momento.
Día 19 (3/2/2006) - Pomona - Islita del jabalí (87 Km.)
Pasadas las 8:30 partimos, otra vez con un cielo despejado y sin rastros de loas nubes del día anterior.
Seguimos navegando el río negro, con sus grandes curvas que alargan la distancia, tratando de tomar arroyitos para acortarla cuando fuese posible.
El aspecto era bastante similar, barda a lo lejos, árboles verdes en las costas, barranca del lado exterior de las curvas donde más rápido corre el agua y carcome la costa y playadas de piedras del lado de adentro.
Se notaba que el curso era muy cambiante en esta parte, con cada crecida el agua tomaba distintos cursos, y arrancaba árboles y los dejaba amontonados en otra parte, ya convertidos en esqueletos y desvestidos de sus hojas.
Cerca de las 19:30 encontramos unas pequeñas islas sobre la margen izquierda y nos metimos por una entrada angosta tratando de encontrar un buen lugar para armar campamento. Encontramos un muy buen lugar bien reparado del viento y con suelo de arena. No hacia falta mas nada. Recorriendo un poco esta muy pequeña isla vimos unas pequeñas huellas de jabalí.
Día 20 (4/2/2006) - Islita del jabalí - Gral. Conesa (90 Km.)
Partimos 8:30, pero esta vez ya no con el cielo despejado. Había bastantes nubes a lo lejos y esta vez nos volvían a amenazar.
Las nubes nos acompañaron toda la mañana, hasta que a las 13hs cuando paramos a almorzar, ganaron cada vez más el cielo. Se veía que a lo lejos estaba lloviendo copiosamente y las nubes venían hacia nuestro lado.
Esta vez la comida fue rápida y no hubo tiempo para ningún descanso posterior, apenas empezaron a caer algunas gotas preferimos partir y esperar la lluvia navegando con los rompevientos puestos.
Al poco de zarpar se vino una lluvia moderada por un tiempo y después paro por un rato.
Después se volvió a largar fuerte, esta vez con viento. Por fin una tormenta que se precie de tal. Por el aspecto del cielo se notaba que pasaría pronto, y así lo hizo. Las nubes cargadas se iban para otro lado, negándole el agua a esta zona que alejándose un poco de las márgenes del río es bastante árida.
Pasadas las 17hs., ya cerca de Gral. Conesa vimos los largos murallones sobre la margen izquierda, anteriores al puente carretero, para proteger a la costa de la fuerza del agua en la parte exterior de la gran cuerva que describe en esta parte.
Pasado el puente dejamos el curso principal y nos metimos por un arroyito hacia la derecha que va en búsqueda de la ciudad. En las márgenes de la ciudad paramos un tiempo para hacer algunas compras y seguimos viaje.
Volvimos a parar un poco más allá del balneario/camping de la ciudad, sobre una pequeña islita de piedras, llena de troncos y árboles secos depositados después de alguna crecida.
Día 21 (5/2/2006) - Gral. Conesa – Primera angostura (85 Km.)
A las 8 de la mañana partimos, siguiendo este pequeño brazo hasta que después de un par de kilómetros este se unió con el brazo principal de nuevo.
El día amaneció algo ventoso, pero solo se notaba cuando el río giraba hacia el sur o el este, dado el gran reparo de árboles. En algunas curvas se hacia sentir, casi siempre con poco oleaje, pero frenando el ritmo de remada. Después de golpe, cuando el río giraba reinaba la calma y el ritmo de remada retornaba a lo normal.
La aves seguían dominando el paisaje, como todos los días anteriores por le negro.
Cerca de las 19, habiendo hecho un kilometraje razonable (en ese momento intentábamos repartir el kilometraje que quedaba, de manera de llegar a Viedma el día 7, pero dejando pocos kilómetros para este ultimo día) llegamos a una gran playada de césped bien corto y decidimos parar ahí. El viento todavía soplaba, pero estaba amainando notablemente.
Día 22 (6/2/2006) - Primera angostura - 45 Km. aguas arriba Viedma (70 Km.)
Partimos bastante tarde, ya cerca de las 11 de la mañana.
Pasado el mediodía llegamos a la basa de Guardia mitre, que es la mas grande de todo el río negro. Junto a la enorme estructura que soporta el caño de gas que pasa por sobre el río.
Aparentemente estaba bastante transitado porque había colas de autos de ambos lados para pasar.
Esta balsa tenía un nombre muy sugestivo, ligado íntimamente con el agua, “Alfonsina” se llamaba. Algún día tal vez descansará en el fondo de agua, si cumple su destino, por ahora tiene la mundana misión de cruzar automóviles entre las provincias de Buenos Aires y Río Negro.
Cerca de las 3 de la tarde paramos en un gran arenal, y almorzamos el reparo de unos sauces, ya que el viento seguía soplando como había sido casi constante desde que dejamos Conesa. Una gran bandada de jotes de cabeza negra revoloteaba y planeaba a lo alto en la otra margen.
Cuando estimamos que ya nos quedaba poco para el próximo día, y encontramos un buen lugar, paramos sobre la margen derecha para armar el campamento.
Día 23 (7/2/2006) - 45 Km. aguas arriba Viedma – Viedma (45 Km.)
Partimos un poco antes de las 9 de la mañana, con otro dic soleado y con algo de viento.
Ya de a poco se notaba que los signos de civilización iban aumentando. Tomas de agua en las márgenes cada vez mas seguido, casas de chacareros al principio y casas de fin de semana una vez que estábamos mas cerca de Viedma.
Antes del mediodía ya aparecieron a nuestra izquierda las bardas de la provincia de Buenos Aires bien al lado del rio. Anunciado que ya faltaba poco para ver el puente “nuevo” de Viedma (llamado así comúnmente para diferenciarlo del puente más antiguo, que esta aguas abajo).
Un poco antes de la 1 ya se veía el puente y la ciudad elevada de Carmen de Patagones.
Pasamos pegados a la margen de Patagones para pasar por su balneario y luego a la altura del puente nos cruzamos hacia la costa de Viedma y paramos finalmente a almorzar en el restaurante del barco hundido.
Otra vez estábamos en la civilización, aunque ya nos habíamos olvidado como comportarnos en esas circunstancias.
El día estaba soleado y con pocas nubes, pero pasada la tarde esta últimas de a poco fueron ganando más lugar en el cielo.
Día 24 (8/2/2006) - Viedma - Balneario el Cóndor (30 Km.)
Estaba previsto levantarnos cerca de las 8, para tener tiempo de ordenar todo y aprovechar la bajamar que empezaría en Viedma un poco antes de las 11. Este valor no coincidía con ninguna de las tablas de marea del diario o la radio, sino que la habíamos averiguado con un guarardavidas. Aparentemente las tablas en el mar están bien, pero el calculo que publican las radios y el diario están equivocadas por unas horas.
La tormenta prolongo un poco más el sueño, y seguimos durmiendo un par de horas más. La lluvia no cesaba, el viento era leve, y un poco antes de las 10 salimos caminando con los kayaks hacia el río preparados para remar con un panorama climático adverso. Estábamos en la vereda de la costanera demorados por un llamado telefónico con PNA cuando se baja un muchacho de un auto, se nos acerca, nos consulta si andábamos de travesía porque le llamamos la atención, cuando no había casi nadie en la costanera. Sin dar su nombre ni apellido, conversamos todos con capuchas y gorras por la lluvia, hasta que no podíamos dejar de pensar que era Javier Correa por el parecido, hasta que sí, resultó ser ese groso del canotaje nacional. Se hicieron las casi las 11hs cuando nos despedimos y arrancamos.
A medida que íbamos saliendo del reparo, se notaba que el viento no era leve y el cansancio se sentía. A medida que el río se ensanchaba, nuestra perspectiva de llegada a la hora programa se iba alejando.
Apenas pasamos el “puente viejo” ya el oleaje empezó a ser cada vez más grande. Poco a poco se parecía menos al río negro y más al Paraná con sudestada.
A cada remada el viento SE soplaba más, o por lo menos nos parecía así porque se ensanchaba de a poco el río y ya no había tanto reparo. Tuvimos que ir costeando por margen sur, y a medida que nos acercábamos al mar, los árboles desaparecían, la vegetación se hacia mas baja y el viento se notaba cada vez.
Unos kilómetros antes de llegar y ya cansados de luchar contra el viento que debería rondar los 40 o 50 Km/h de frente paramos en una playada de arena que había quedado al descubierto con la bajamar.
El viento llevaba la arena seca arrastrando por el piso dibujando unas zigzagueantes líneas de arena seca por sobre la húmeda de la playa.
Ya nos faltaba poco, hicimos los últimos kilómetros hasta un poco antes de la desembocadura hasta que llegamos al lugar llamado “el pescadero” donde paramos en el humilde puesto de PNA.
Habíamos estimado que esta seria una etapa relajada ya que teníamos corriente a favor y marea en bajante, pero resulto otro remada cansadora que se sumo a todas la anteriores.
El resto del día lo ocupamos en recorrer el balneario, el faro, ver las rompientes y el mar que estaba embravecido por el viento sudeste.
Día 25 (9/2/2006) – Barrenando en balneario el Cóndor
El viento se había calmado, ya apenas soplaba, pero las rompientes seguían casi igual, la resaca de los días anteriores de viento estaba presente en el mar.
Este día lo ocupamos en ir hasta las rompientes y dedicarnos a jugar un poco ahí, lo poco que nos permitía nuestra pericia y todo el cansancio acumulado.
Luego de quedar bien cansados, volvimos a tomar el Rio Negro en contra para volver al puesto de PNA en el pescadero y dimos por finalizada nuestra travesía.
Fuimos nieve y fuimos deshielo.
Fuimos lago, río correntoso, embalse y llanura.
Fuimos desembocadura y espuma del mar.
En ese momento sabíamos que el ciclo no estaba completo.
Nos tiramos en la arena y bajo los rayos del sol simplemente nos dejamos evaporar…
AGRADECIMIENTOS
Prefectura Naval Argentina
Gendarmería Nacional
Marcelo Hostar
Nicolás Silin
Fernando Milla y Cecilia Komacek (club Italiano Neuquén)
club Italiano Neuquén
Javier Correa
César Colombo (Nitces)
Damián Figueroa (Plásticos Tigre)
Abelardo Strum
GpsAr (Sebastián Clasen, Julián Rossi, Alberto Usandizaga, Mario Sanchez de Bustamante, Manuel y a todos aquellos nos dieron información y lamentablemente no recordamos sus nombres)
Javier Gustavo Pelliza
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